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Lana Turner en un jolgorio travestido

Periodista:
Héctor Pavón
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Hace ya muchos años José Cúneo escribía y dibujaba unas tiras cómicas precarias pero con gracia indomable. Allí aparecían sus maestras caracterizadas por el ojo de un niño que las hacía contar los entretelones, las pequeñas comedias del aula. Así recibía un cariño ilimitado y con ese capital se transformaba en un pionero de la producción de sus primeras películas en las que dibujaba cada uno de los fotogramas. Luego hubo cruces de experiencias como el paso por el taller de Carlos Garaycochea, Alberto Bróccoli, y su trabajo junto a Manuel García Ferré.

Muchos años después el niño vuelve hecho hombre atravesado por una París que todo lo transforma. Ahora está parado en un escenario con una pantalla gigante detrás en la que se proyecta su novela gráfica El Tigre (Edhasa). El hecho ocurrió días atrás en La Cúpula del CCK y este trabajo es una obra realizada en conjunto con el multiartista Alfredo Arias.

Esta vez Cúneo no sólo volvió a la ciudad que lo formó para presentar El Tigre, sino que también integra la muestra que Arias montó con el título “Aventuras compartidas”. Allí enseña algunas de sus múltiples facetas y sus colaboraciones con grandes exponentes de otros géneros, como reconocidos artistas visuales, entre ellos Alejandro Rumollino, Gustavo di Mario, Alejandra López, Val &Musso.

Cúneo participó de ella con sus Boîtes Magiques (Cajas luminosas), pequeñas ventanas, instantes de vida, que han sido expuestas en galerías de París, Amsterdam y Nueva York. Ellas se ven en una de las salas dedicadas a la muestra de Arias. Cúneo las llama mágicas. “Es una variante que llega por la necesidad de poder expresar sensaciones, que están en la memoria, de viaje, de vida y son momentos que están plasmados en estas obras. Las técnicas son las de base de comienzo del cine: la luz y las imágenes. Yo he visto exposiciones de diorama, esa es la técnica, los primeros aparecen en el siglo XVIII, XIX que era el comienzo de lo que va a ser el cinematógrafo: la luz y el volumen, son cajas con luces e imágenes”.

Cúneo cuenta que la idea de El Tigre surgió de una obra de teatro, que luego fue comedia musical estrenada en Francia y que fue escrita y dirigida por Arias. El argumento está centrado en Holy y Dark y su plan de vivir una noche en el Delta recreando la película Imitación a la vida, de Douglas Sirk, protagonizada por Lana Turner. Claro, hay imprevistos meteorológicos, apariciones desopilantes, personajes delirantes que llevan la fiesta a un jolgorio inolvidable.

“La historieta es cinematográfica”, define el ilustrador que llegó a ingresar a la carrera de medicina en la UBA y muy rápidamente la abandonó y se dedicó tiempo completo al dibujo. “El Tigre es una historia con una trama, un hilo conductor a diferencia de lo que es el gag u otros trabajos que hice a lo largo de mi carrera. Hay una lluvia catastrófica, una tormenta apocalíptica, de los personajes que arriban, de los marcianos que atacan. Ahí había un trabajo con ritmo, lo mejor para mí fue tomar la decisión de hacerla en blanco y negro: con pluma y tinta china para darle más movilidad literaria al trazo”. Al mismo tiempo seguía haciendo las cajas y el decorado de la comedia musical. La versión francesa de la historieta se publicó al mismo tiempo que se estrenó la comedia musical en el teatro Rond Point de Champs Elysees donde Cúneo participó en la realización del decorado, previo armado en miniatura en una caja mágica.

Hay mucho de declaración de amor al cine de oro de Hollywood hecha parodia, disparate travestido. “Lana Turner representa el glamour de una época, todas querían ser Lana Turner, Evita se parecía a ella. Fue un ícono gay como la diosa Mae West o nuestra Isabel Sarli”, subraya Cúneo.

El niño hombre dibujante se para en el escenario y cuenta qué es El Tigre, esa obra que esconde mucho de su biografía y que lo transporta cada vez que cruza el océano Atlántico para buscar su infancia: la vivida y la dibujada.

 

Entrevista con José Cúneo

-¿Cómo fue trabajar en esta (y otras) obra con Alfredo Arias?

-Desde mucho tiempo yo seguía la obra de Alfredo, iba a ver sus comedias, obras de teatro y me sentaba en la primera o segunda fila y dibujaba en vivo los actores. Yo ya estaba impregnado del universo de Alfredo y en las cajas luminosas manifestaba un cierto hilo, un puente con el mundo de Alfredo hasta que cuando alguien veía alguna obra mía, una caja, lo nombraban a Alfredo. Trabajar con él fue un gran placer, tuve mucha libertad, nunca me indicó como hacer tal personaje o tal situación. Nos reunimos dos o tres veces. Yo sabía qué iba a hacer él y él sabía lo que iba a hacer yo. Cada uno tenía una idea del trabajo que íbamos a cumplir. En una de las reuniones producíamos dos o tres frases. Después nos entendíamos con silencios.

-¿Qué desafíos te impuso hacer esta novela gráfica?

-Fue un gran desafío porque cuando leí el texto me inspiró mucho para poder volcarme bien en este mundo fantasmagórico que es el Tigre. Arias pensó en mí cuando terminó de escribir el texto porque los personajes pertenecen bien al mundo de historieta que yo hago desde tiempo, desde los comienzos de mi trabajo en París en la revista Gay Pied, con el universo de los personajes gay, con los del Tigre. Al cabo de un año, me di cuenta que mi trabajo había evolucionado con características cinematográficas, eso fue porque durante cinco años estuve dando talleres de historietas y manga a chicos de 6 a 14 y en realidad me di cuenta que yo también aprendía y asimilé elementos que no tenía antes, grancias a estos talleres. El Tigre es mi primer libro de historietas publicado en el pais. En Francia salió en diciembre del 2013. Seré eternamente agradecido a Alfredo Arias por haber pensado en mí para adaptar su texto a la historieta. Y también agradecido al dibujante humorista y amigo Diego Parés quién me presentó a Juan Izquierdo Brown para que se concretase la edición argentina.

-Todas estos elementos e influencias están presentes en esta novela gráfica, ¿no?

-La historieta siempre quiso lograr un ritmo cinematográfico. La historieta es cinematográfica, sobre todo una historia larga. Durante mucho tiempo yo hice historietas con gags, chistes, en la revista Gai Pied contaba historietas de una página. Y no es lo mismo contar historietas de un gag, de humor, un chiste, que una historia como la del Tigre que tiene trama, hilo conductor, drama, la catástrofe de la lluvia, de la tormenta apocalíptica, de los personajes, los marcianos que atacan. Ahí había un trabajo con ritmo, lo mejor para mí fue tomar la decisión de que fuera en blanco y negro. Trabajar con pluma y tinta china ayudó para darle más movilidad literaria al trazo, porque paralelamente a la historieta seguía haciendo las cajas luminosas y el decorado de la comedia musical. Para separar bien los dos trabajos y darle un contraste mucho más dinámico a la historieta, aproveché al máximo el trazo de la línea negra para darle más movilidad. Busqué efectos, camára de planos, enfoques, las vistas aéreas del comienzo y después alrededor de la casa de el Tigre. Me imaginé una cámara con una grúa, como en las películas que se vea a través de las ventanas que se vea lo que pasa en las casas. O el detalle del ojo del cocodrilo que se agranda y se ve en la pupila de la Tota que le va a tirar con la gomera. Esos elementos están pensados en forma cinematográfica.

-¿Pensaste en alguien en particular para definir los personajes de El Tigre?

-Con Holy y Dark me inspiré físicamente. Cuando estuve en Buenos Aires, en 2013, hice búsquedas, lo hice con la idea de encontrar los personajes en vivo porque es así como yo trabajo la historieta. Cuando preparo la historia busco los personajes en la calle, en un bar, en un subte, a la Tota la encontré subiendo en un vagón del tren San Martín. A madame Holy la vi en la pizzería La Americana de aveninda Callao. Y la forma del cuerpo la encontré una tarde que fui a los bosques de Palermo. Ahí vi una chica y dije esta es madame Oli. A su vez, para el personaje del ada madrina, de Adacha, me inspiré en la actriz Alejandra Radano, que hace tiempo la sigo en sus actuaciones. Arias hizo teatro de revista en París en el Folies Bergère y ahí había un personaje de vedette argentina y parisina, y entonces yo hago un homenaje a todas esas mujeres íconos de la calle Corrientes como la gloriosa Nélida Lobato, Nélida Roca. Todas ellas venían, de algún modo, del Broadway de los años 30 y también con Lana Turner. Cuando empecé a trabajar el universo del Tigre, me inspiré también en todo ese periodo del cine americano, en la película Ziegfeld Folliesy los clásicos de Hollywood, momentos de suspensos de las pelis de Hitchcock, todo ese universo nutrió mi aventura.

-¿Cuál es tu primer recuerdo de tu relación con la historieta?

-Los primeros recuerdos de historieta son de Mafalda, claro. También Patoruzú. En El Tigre hay un homenaje a Dante Quinterno con el personaje de la Tota que tuvo un retoque en la nariz a lo Patora. Y también hay homenaje a Mercedes Sosa. La Tota canta con la misma voz y toca el bombo como Mercedes.

-¿Cómo fue tu formación?

-Cada vez que entraba en contacto con algún original de algún maestro, mi ojo se transformaba en un lector láser y como si hicera una radiografia trataba de entender la técnica, los materiales, las tintas, esa fue mí primera escuela. Los cursos en la escuela de Garaycochea me aportaron una base, la síntesis en el dibujo humorístico, tomé clases de guion con Bróccoli (el Mago Fafá) en los primeros tiempos cuando estaban en el barrio de Congreso... Después la escuela se mudó a Corrientes y Uruguay justo en frente a las oficinas de García Ferré. Sólo faltaba cruzar la avenida Corrientes para empezar a trabajar con él. En los dos años que me quedé con él, aprendí mucho del oficio. Mucho, fue un trabajo de observación.

-¿Cómo es partir y volver de Buenos Aires a Partís y de París a Buenos Aires?

-Ha sido muy enriquecedor para mí haber podido volver seguido cada año en promedio y seguir en contacto con los historietistas locales, Ya sea publicando en las revistas Humor, Sex Humor. Gracias al recibimiento de mis colegas compatriotas. Para mí es esencial poder permanecer vinculado entre las dos culturas como en un puente transatlántico. Como cuando formé parte de la pagina de humor del diario Perfil allá por el 98. Compartí la página con mis amigos dibujantes Sergio Langer, Pablo Páez, Elenio Pico... mandando por internet día a día en tiras la serie "Barra Brava" donde los personajes principales eran una pareja gay y su hijo "adoptado"el perro Bizcocho...