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“Si un libro te aburre, dejalo en el acto”

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El estudio de Perla Suez es el paraíso de cualquier escritor: las paredes están forradas de bibliotecas hasta el techo; menos en una, donde tiene un sillón de dos cuerpos, “porque viene gente a visitarme... no estoy todo el día sola”, aclara la dueña de ese Edén subterráneo. Sí, además, el lugar donde la escritora cordobesa trabaja es un subsuelo, por lo que no lo alcanza ningún ruido de la calle, pese a estar ubicado en uno de los barrios más activos de la ciudad de Córdoba. De fondo suena Neil Young, hay aroma a café y la luz se filtra por un ventanal enorme a través del cual se ve el tronco de un árbol y parte de sus raíces.

También sobre las raíces trata su último libro, Humo rojo (Edhasa), pero las de nuestro país: los inmigrantes. Es la historia de dos hermanos, descendientes de rusos —al igual que ella— cuyas vidas los llevaron a convertirse en un Caín y un Abel modernos. Pero también es una historia que trata sobre el poder y quién lo ostenta, con personajes que oscilan entre el cielo y el infierno. Una novela donde la violencia es llevada a los extremos.

Lo primero que llama la atención de su búnker es la gran cantidad de libros. Hay algunos a los que, afirma, nunca volverá, pero que le hacen muy bien por el solo hecho de estar allí. Entonces, la primera pregunta es obvia.

¿De dónde viene su pasión por los libros?

De la infancia. Desde muy niña yo me apoderaba de la biblioteca de mis padres. Recuerdo especialmente la cara de Alicia, en los trazos de John Tenniel, cuando cae en el pozo y después cuando se cruza con el conejo. Esas imágenes han marcado mi vida.

¿Y cómo eran los libros para chicos cuando usted era chica?

Uuuyyy, eran en general los de Salgari. La colección Robin Hood, una colección naranja, que la recuerdo como si la estuviese viendo ahora, editados en España la mayoría. Y después estaba la colección Billiken, que tenían La Odisea, La Eneida, todos los clásicos adaptados para chicos y yo me los devoraba a todos. Hay que tener en cuenta que era otra época, no había la industria editorial que tenemos hoy. Lo que no quiere decir que todo sea maravilloso, hay de todo...

¿Cómo debe ser la relación de los niños con la literatura?

Los chicos suelen quejarse de que  un libro los aburre. Si aburre hay que dejarlo, no hay que leerlo, aunque hayas leído dos páginas. Cada uno debe buscar su propia lectura. Si bien no hay reglas fijas, los que creemos en la literatura pretendemos que dé la posibilidad de que el otro pueda pensar y preguntarse cosas que lo hagan crecer.

¿Cuál es la distinción entre literatura para adultos y para niños?

Es buena la pregunta. Yo creo que hay un puente que uno traza cuando escribe. El río que cruza en el medio es la literatura y la historia que uno quiere contar. Y las diferencias están en la elección de un lector. Yo no creo en que la escritura sea un acto tan solitario, lo es en la medida en que estás solo cuando trabajás, pero uno está rodeado por los personajes y la preocupación por contar la historia, que es de alguna manera estar pensando en un lector. Si bien no lo tengo tan definido, sí pienso en un niño al que le va a interesar meterse en ese mundo, que va a saber muchísimas cosas más que yo aunque es un niño y que no lo puedo defraudar, porque contarle una historia que no le cree expectativas a él y que no profundiza en la vida: ¿de qué le sirve?

Cuando a Perla Suez se le pregunta por la tarea del escritor, ella cita a William Faulkner, uno de los escritores más influyentes de la literatura norteamericana. El, cuando le preguntaron por los secretos para ser un buen novelista, respondió: “Talento, disciplina y trabajo”. “¿Y la inspiración?”, repreguntó el periodista y Faulkner fue categórico: “Yo no sé nada sobre la inspiración. La he oído mencionar, pero nunca la he visto”.

¿Y cómo lo vive usted?

Yo trato de guardar un perfil de una persona que tiene un oficio, como cualquier otro. El escritor tiene un oficio y a veces puede vivir de él y a veces no, depende de cómo le va en la vida, pero trabaja muchas horas. Yo trato de transmitir a los demás, desde una actitud honesta y, en lo posible, humilde, que el escritor es una persona como cualquier otra que trabaja, pero que trabaja apasionadamente con las palabras.

¿Cuál es el papel del lector en la creación literaria?

Cuando terminás y editás un libro, en realidad, recién se está abriendo el mundo para el lector. Entonces nunca le podés poner el cierre definitivo, porque el cierre no es tuyo: la llave la tiene el lector cuando dice “para mí pasó esto”. Me da mucho gusto dejar una puerta abierta, para que el lector entre y salga cuando tenga ganas.

¿Hay requisitos indispensables para ser escritor?

Para mí es fundamental ser buen lector y buen espectador de cine. A medida que vos te vas haciendo lector y espectador del buen cine, tus exigencias van creciendo con tu escritura, porque vos vas creciendo, te vas volviendo más crítico y no te conforma cualquier cosa. Eso no es garantía de que tu escritura sea buena, obviamente, pero al menos te permite hacerte preguntas.