Mariana recibe un ultimátum: o busca ayuda para superar la muerte de su marido o la internan en un psiquiátrico. Ella finge, convencida de que logra burlarse de quienes no saben qué hacer con las ruinas ajenas, sin darse cuenta de que los días comienzan a ser distintos. Y entonces llega el momento inexorable en que debe confrontarse con una fe nada teologal y poco virtuosa.