El himno –canto en honor a los dioses– nos resulta tan ajeno que olvidamos que durante siglos fue la forma poética por excelencia. Este libro revela el vínculo secreto que relacionó el himno con la filosofía occidental desde sus orígenes. Su rigurosa investigación trasciende barreras entre disciplinas y demuestra que Aristóteles o el propio Sócrates compusieron himnos pues, junto con el lamento, es el lugar donde se alcanza la experiencia primordial del ser hablante.